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El Blog para emprendedores

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viernes, 12 de octubre de 2012



Para reflexionar:

Una tortuga y una liebre  siempre discutĂ­an sobre quiĂ©n era más rápida.
Para dirimir el argumento,  decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia.  La liebre largĂł a toda velocidad y corriĂł enĂ©rgicamente durante algĂşn tiempo.  Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidiĂł sentarse bajo un árbol para  descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se  durmiĂł. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzĂł, la superĂł y  terminĂł  primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y  estables ganan la carrera.
Pero la historia no termina  aquĂ­...

La  liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconociĂł sus errores. DescubriĂł que habĂ­a perdido la carrera por ser presumida  y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen  vencido. Entonces, desafiĂł a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la  liebre corriĂł de principio a fin y su triunfo fue evidente.

MoralejaLos rápidos y tenaces vencen a los lentos y  estables.
Pero la historia tampoco termina  aquĂ­...


Tras  ser derrotada, la tortuga reflexionĂł detenidamente y llegĂł a la conclusiĂłn de  que no habĂ­a forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la  carrera, ella siempre perderĂ­a. Por eso, desafiĂł nuevamente a la liebre, pero  propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptĂł y corriĂł a  toda velocidad, hasta que se encontrĂł en su camino con un ancho rĂ­o. Mientras la  liebre, que no sabĂ­a nadar, se preguntaba "¿quĂ© hago ahora?", la tortuga  nadĂł hasta la otra orilla, continuĂł a su paso y terminĂł en primer lugar.

Moraleja: Quienes  identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para  aprovecharla, llegan primeros.
Pero la historia tampoco termina  aquĂ­...


El  tiempo pasĂł y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciĂ©ndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la Ăşltima carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la  primera parte, la liebre cargĂł a la tortuga hasta llegar al rĂ­o. AllĂ­, la  tortuga atravesĂł el rĂ­o con la liebre sobre su caparazĂłn y, sobre la orilla de  enfrente, la liebre cargĂł nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron  la lĂ­nea de llegada en un tiempo rĂ©cord, sintieron una mayor satisfacciĂłn de  aquella que habĂ­an experimentado en sus logros
individuales.

Moraleja: Es bueno ser  individualmente brillante y tener fuertes
capacidades personales.

Pero, a  menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar  recĂ­procamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente  efectivos.
Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos  preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

Es importante advertir que,  ni la liebre ni la tortuga, abandonaron la carrera. La liebre evaluĂł su  desempeño, reconociĂł sus errores y decidiĂł poner más empeño despuĂ©s de su  fracaso. Por su parte la tortuga, al ver que la velocidad era su debilidad,  decidiĂł cambiar su estrategia y aprovechar su fortaleza como nadadora en un  nuevo recorrido. DespuĂ©s de varias contiendas, la tortuga y la liebre  descubrieron que unidas lograban mejores resultados.

Cuando afrontamos  un desafĂ­o, hay veces que es mejor tomarse las cosas con calma y confiar en uno  mismo. Otras, conviene esforzarse más allá de los propios lĂ­mites. Otras, es más  efectivo cambiar la estrategia e intentar algo diferente. Y, tambiĂ©n, hay veces  donde lo más apropiado es unirse con otras personas.
La liebre y la  tortuga tambiĂ©n aprendieron otra lecciĂłn vital: cuándo dejamos de competir  contra un rival y comenzamos a competir contra una situaciĂłn,  complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros  recursos... y obtenemos mejores resultados!

Hay muchas  liebres, muchas tortugas... y ¡muchas metas que alcanzar!