- Pasa tiempo con la gente. Cuando estás solo eres más propenso a desanimarte. Acostumbra invertir tiempo con las personas, reírte con ellos y pronto verás la vida de un modo distinto.
- Anima a otras personas. Algo tan sencillo como unas palabras de aliento a alguien más necesitado que tu pueden cambiar su día y el tuyo.
- Examina todo, retén lo bueno. Fíjate en el tipo de contenidos que consumes –Internet, Gente, TV, Radio- ya que eso influye altamente sobre tu estado de ánimo.
- Hazte la siguiente pregunta: ¿Por qué no me he quitado la vida? Suena drástico pero el punto es enfocarte en las razones de peso que tienes para vivir y ser feliz.
- Mantente ocupado. Y ocúpate en algo útil: un deporte, lectura, clases para aprender a nadar, etc., lo que más te apasione, pero que sea de provecho.
- Revisa tu alimentación. Productos con azúcar refinada pueden darte una sensación de energía inicial pero resultan contraproducentes. Mejor toma algo natural.
- Termina lo que has empezado. Dejar las cosas a medias deja una sensación de intranquilidad. Procura terminar lo que empiezas o mejor no lo hagas.
- Pide ayuda. Siempre hay un familiar o amigo que podrá darte un punto de vista nuevo, la pregunta es: ¿Aceptarás su consejo o vas a rechazarlo?
- Una cosa a la vez. Demasiado quehacer puede abrumarte. Organízate y haz las cosas una por una.
- Buena actitud. Este es el más importante de todos: sé agradecido por lo que tienes y ten la firme intención de no dejarte llevar por la depresión. Ver todo lo positivo de tu propia vida te cambia la forma de pensar y sentirte.
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viernes, 26 de abril de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
- 17:37
- 0 Comentarios
Si quieres triunfar en la vida, la honestidad y la
integridad son esenciales y te diré por qué.
Primero, es muy difícil que una persona con un mínimo de
conciencia se sienta bien consigo misma si en sus transacciones comerciales es deshonesta.
Si no estás a gusto contigo mismo y con lo que haces es muy difícil
mantener la motivación.
Segundo, todo lo que hacemos en la vida se nos devuelve, la
vida es como un bumerán Nuestras palabras e incluso nuestros pensamientos son
como un bumerán que siempre vuelve a quien lo arrojó. Todo engaño y fraude sale
a la luz, tarde o temprano.
Para ayudarte a distinguir lo que es y lo que no es integro,
hazte las siguientes preguntas:
- ¿Es legal? Si se trata de una actividad ilegal, te estás metiendo en problemas.
- ¿Es moralmente correcto? Los actos inmorales en los negocios o en la vida personal pueden conducir a las personas a la ruina.
- ¿Me hará sentir orgulloso de mí mismo? Si no te hace sentir orgulloso es porque hay algo censurable en ello.
- ¿Me agradaría que mi familia sepa lo que voy a hacer? Si estás pensando en hacer algo que fuese motivo de vergüenza más que de orgullo para tu familia, es una buena indicación de que no es lo adecuado.
- ¿Me respetaré a mi mismo después de hacerlo? Si estás a punto de hacer algo que ponga en entredicho tus principios, estarás sacrificando el respeto por ti mismo. Es muy difícil convivir con una persona que no respetas, especialmente si esa persona eres tú.
En conclusión, la fórmula más segura es simplemente no hacer ni decir
nada que no quisieras que te hagan o digan de ti.
viernes, 21 de septiembre de 2012
- 13:32
- 0 Comentarios
Un modo de determinar cuál es nuestro círculo de preocupación consiste en distinguir los «tener» y los
«ser». El círculo de preocupación está
lleno de «tener»:
«Me sentiré contento cuando tenga casa
propia».
«Si tuviera un jefe que no fuera
tan dictador...»
«Si tuviera una esposa más
paciente...»
«Si tuviera un hijo más
obediente...»
«Si ya tuviera mi título...»
«Si tuviera más tiempo para mí...»
El círculo de influencia está lleno de
«ser»: puedo ser más paciente, ser sensato, ser cariñoso.
El foco está en el carácter.
Siempre que pensemos
que el problema está «allí afuera», este pensamiento es el problema. Otorgamos a lo
que está ahí fuera el poder de controlarnos. El paradigma del cambio es entonces
«de afuera hacia adentro»: lo que está afuera tiene que cambiar antes que
cambiemos nosotros.
El enfoque proactivo consiste en
cambiar de adentro hacia afuera: ser distinto, y de esta manera provocar
un cambio positivo en lo que está allí afuera: puedo ser más ingenioso,
más diligente, más creativo, más cooperativo.
Uno de mis relatos favoritos aparece en
el Antiguo Testamento, y constituye una parte fundamental de la trama de la
tradición judeocristiana. Es la historia de José, vendido como esclavo en
Egipto por sus hermanos a la edad de diecisiete años. Podemos imaginar lo fácil
que le hubiera resultado consumirse en la autocompasión como siervo de Potifar,
obsesionarse con las maldades de sus hermanos y sus nuevos amos, y con todo lo
que no tenía. Pero José fue proactivo. Trabajó sobre el ser. Y al cabo
de poco tiempo, estaba a cargo de la casa de Potifar y de todo lo que Potifar
tenía, por la confianza que supo despertar en él.
Llegó el día en que José cayó en una
situación difícil y se negó a comprometer su integridad. Como consecuencia, fue
encarcelado injustamente durante trece años. Pero volvió a ser proactivo.
Trabajó en el círculo interior, en el ser y no en el tener, y
pronto estuvo a cargo de la administración de la cárcel y finalmente de toda la
nación egipcia, solamente subordinado al faraón.
Sé que esta idea constituye para muchas
personas un cambio dramático de paradigma. Es mucho más fácil culpar a los
otros, al condicionamiento o a las condiciones por nuestra propia situación de
estancamiento. Pero somos responsables —tenemos
«habilidad de respuesta»— de controlar nuestras vidas y de influir poderosamente
en nuestras circunstancias trabajando sobre el ser, sobre lo que somos.
Si tengo un problema en mi matrimonio,
¿qué es lo que gano mencionando continuamente los pecados de mi esposa? Al
decir que no soy responsable, hago de mí una víctima impotente; me inmovilizo
en una situación negativa. También reduzco mi capacidad para influir en ella:
mi actitud de regañar, acusar y criticar simplemente hace que ella se sienta
ratificada en sus propias flaquezas. Mi capacidad para influir positivamente en
la situación se va desvaneciendo y desaparece.
Si realmente quiero mejorar la
situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo. Puedo
dejar de pretender poner en orden a mi esposa y trabajar sobre mis propios
defectos. Puedo centrarme en ser un gran esposo, una fuente de amor y apoyo incondicionales.
Con suerte, mi esposa sentirá el poder del ejemplo proactivo y responderá con
la misma moneda. Pero, lo haga o no, el modo más positivo en que yo puedo
influir en mi situación consiste en trabajar sobre mí mismo, sobre mi ser.
Hay muchos otros modos de trabajar en
el círculo de influencia: ser un mejor oyente, un esposo más afectuoso,
un mejor estudiante, un empleado más cooperativo y dedicado. A veces lo más
proactivo a nuestro alcance es ser feliz, sonreír auténticamente. La
felicidad, como la desdicha, es una elección proactiva. Hay cosas, como el
clima, que nunca estarán dentro de nuestro círculo de influencia. Pero una
persona proactiva puede llevar dentro de sí su propio clima psíquico o social.
Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras
centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.
Obtenido de: Los 7 hábitos de la Gente Altamente Efectiva, de Stephen Covey
lunes, 11 de junio de 2012
- 9:45
- 0 Comentarios
Nuestras corridas cotidianas no nos dejan percibir si lo que ya tenemos es suficiente para nuestra vida.
Nos preocupamos tanto en TENER. Tener eso, tener aquello, comprar eso, comprar aquello.
Los años pasan, y cuando nos damos cuenta, olvidamos lo más importante… ¡Vivir y ser feliz!
A veces, para ser feliz no precisamos tanto TENER. Podemos darnos cuenta que lo más importante en la vida es SER.
Ese ser, tan olvidado, muchas veces no es difícil de alcanzar.
Las personas deben parar de correr atrás del TENER y comenzar a correr detrás del SER: ser amado, ser gente.
Tengo la certeza de que cuando SOMOS, somos mucho más felices que cuando TENEMOS.
El SER lleva toda la vida conseguirlo, y el TENER muchas veces lo conseguimos muy rápido. Sólo que el SER no acaba ni se pierde, mas el TENER puede terminar inesperadamente.
El SER, una vez conseguido es eterno; y el TENER es pasajero, aunque dure mucho tiempo, puede no traer la felicidad.
Intenta SER y no TENER y sentirás una felicidad sin precio.
No vemos las cosas como son, las vemos como somos.
-Talmud
¡Vivir es Increíble!
De la Parra Paz, Eric y Madero Vega, María del Carmen (Comp.) (2006) Actitudes que dan poder (2ª ed.). México: Editorial PANORAMA.



