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viernes, 23 de noviembre de 2012

Les presentamos los 7 mitos del liderazgo, es decir, los pensamientos erróneos que la gente tiene sobre ser líder. Al terminar de leer esto se dará cuenta que ser líder no es cuestión de posición sino más bien de influencia. Esperamos que sea de beneficio para tu vida.




1. El Mito de la PosiciĂłn.
Contrariamente a lo que comúnmente se cree, el liderazgo no se trata de obtener una posición más alta que los demás para ordenarles que hagan lo que a usted le plazca; más bien, consiste en influir en las personas con las que usted se relaciona, inclusive sin importar si ellas tienen una posición más alta que usted.

Los buenos lĂ­deres se interesan por las personas con las que se relacionan ya que al ayudarlas, se ayudan a ellos mismos al tiempo que crean una relaciĂłn de respeto y confianza que se extiende a cualquier contexto.

2. El Mito del Destino
Muchas personas piensan “cuando estĂ© en la cima serĂ© un buen lĂ­der”, y no se dan cuenta que pueden ser buenos lĂ­deres desde hoy. Esto implica tomarse el tiempo para aprender los conocimientos necesarios y la experiencia adecuada en la toma de decisiones, asĂ­ como cumplir debidamente con las responsabilidades de hoy. De esta forma, usted estará mejor preparado en todos los aspectos para adquirir una mayor responsabilidad en el futuro.

     3. El Mito de la Influencia
La influencia sobre las personas no depende de un título o de una posición elevada en una organización. La influencia se gana y los buenos líderes obtendrán la influencia que respalde su posición; los malos líderes verán disminuida su influencia a un nivel menor incluso de la que tenían antes de tener su nueva posición.

     4. El Mito de la Inexperiencia
Las personas que nunca han tenido una posición alta en una organización con frecuencia subestiman los factores para tener influencia en los demás. Al llegar a ser jefes, los buenos líderes se aseguran de obtener la mayor influencia posible ya que la posición por sí misma no otorga necesariamente el control.

     5. El Mito de la Libertad
Nada más alejado de la realidad está el creer que cuando uno es jefe tiene mayor disponibilidad de tiempo. Al contrario, si usted tiene a su cargo cierto número de personas y si es un buen líder, acomodará su horario de acuerdo al de ellos y los animará para que den lo mejor de sí mismos. Si usted continúa subiendo de rango, sus responsabilidades irán en aumento y contará con menos tiempo para sí mismo.

     6. El Mito del Potencial
La realidad es que la inmensa mayoría de las personas jamás obtendrán el puesto más alto en su compañía. Ahora bien, no hay que ver esto de forma negativa puesto que muchas veces las personas alcanzan su verdadero y máximo potencial en el área donde se encuentran en este momento. Si alguien no demuestra su potencial en niveles bajos, tampoco lo hará en niveles altos.

     7. El Mito del Todo o Nada
Suele pasar que la gente se frustra, se amarga o se vuelve cínica cuando se da cuenta que no puede alcanzar un puesto más alto en su organización para dirigir y liderar desde ahí. En realidad, los buenos líderes comprenden que pueden dirigir desde la posición donde se encuentren por medio de la influencia que ejerzan en los demás.

Basado en el libro "LĂ­der de 360 grados" de John C. Maxwell
Usted puede leer el libro entero o descargarlo en el siguiente link:

viernes, 21 de septiembre de 2012



Un modo de determinar cuál es nuestro cĂ­rculo de preocupaciĂłn consiste en distinguir los «tener» y los
«ser». El cĂ­rculo de preocupaciĂłn está lleno de «tener»:

«Me sentirĂ© contento cuando tenga casa propia».
«Si tuviera un jefe que no fuera tan dictador...»
«Si tuviera una esposa más paciente...»
«Si tuviera un hijo más obediente...»
«Si ya tuviera mi tĂ­tulo...»
«Si tuviera más tiempo para mĂ­...»

El cĂ­rculo de influencia está lleno de «ser»: puedo ser más paciente, ser sensato, ser cariñoso. El foco está en el carácter.

Siempre que pensemos que el problema está «allĂ­ afuera», este pensamiento es el problema. Otorgamos a lo que está ahĂ­ fuera el poder de controlarnos. El paradigma del cambio es entonces «de afuera hacia adentro»: lo que está afuera tiene que cambiar antes que cambiemos nosotros.

El enfoque proactivo consiste en cambiar de adentro hacia afuera: ser distinto, y de esta manera provocar un cambio positivo en lo que está allí afuera: puedo ser más ingenioso, más diligente, más creativo, más cooperativo.

Uno de mis relatos favoritos aparece en el Antiguo Testamento, y constituye una parte fundamental de la trama de la tradición judeocristiana. Es la historia de José, vendido como esclavo en Egipto por sus hermanos a la edad de diecisiete años. Podemos imaginar lo fácil que le hubiera resultado consumirse en la autocompasión como siervo de Potifar, obsesionarse con las maldades de sus hermanos y sus nuevos amos, y con todo lo que no tenía. Pero José fue proactivo. Trabajó sobre el ser. Y al cabo de poco tiempo, estaba a cargo de la casa de Potifar y de todo lo que Potifar tenía, por la confianza que supo despertar en él.

Llegó el día en que José cayó en una situación difícil y se negó a comprometer su integridad. Como consecuencia, fue encarcelado injustamente durante trece años. Pero volvió a ser proactivo. Trabajó en el círculo interior, en el ser y no en el tener, y pronto estuvo a cargo de la administración de la cárcel y finalmente de toda la nación egipcia, solamente subordinado al faraón.

SĂ© que esta idea constituye para muchas personas un cambio dramático de paradigma. Es mucho más fácil culpar a los otros, al condicionamiento o a las condiciones por nuestra propia situaciĂłn de estancamiento. Pero somos responsables —tenemos «habilidad de respuesta»— de controlar nuestras vidas y de influir poderosamente en nuestras circunstancias trabajando sobre el ser, sobre lo que somos.

Si tengo un problema en mi matrimonio, ¿quĂ© es lo que gano mencionando continuamente los pecados de mi esposa? Al decir que no soy responsable, hago de mĂ­ una vĂ­ctima impotente; me inmovilizo en una situaciĂłn negativa. TambiĂ©n reduzco mi capacidad para influir en ella: mi actitud de regañar, acusar y criticar simplemente hace que ella se sienta ratificada en sus propias flaquezas. Mi capacidad para influir positivamente en la situaciĂłn se va desvaneciendo y desaparece.

Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo. Puedo dejar de pretender poner en orden a mi esposa y trabajar sobre mis propios defectos. Puedo centrarme en ser un gran esposo, una fuente de amor y apoyo incondicionales. Con suerte, mi esposa sentirá el poder del ejemplo proactivo y responderá con la misma moneda. Pero, lo haga o no, el modo más positivo en que yo puedo influir en mi situación consiste en trabajar sobre mí mismo, sobre mi ser.

Hay muchos otros modos de trabajar en el círculo de influencia: ser un mejor oyente, un esposo más afectuoso, un mejor estudiante, un empleado más cooperativo y dedicado. A veces lo más proactivo a nuestro alcance es ser feliz, sonreír auténticamente. La felicidad, como la desdicha, es una elección proactiva. Hay cosas, como el clima, que nunca estarán dentro de nuestro círculo de influencia. Pero una persona proactiva puede llevar dentro de sí su propio clima psíquico o social. Podemos ser felices y aceptar lo que está más allá de nuestro control, mientras centramos nuestros esfuerzos en las cosas que podemos controlar.



Obtenido de: Los 7 hábitos de la Gente Altamente Efectiva, de Stephen Covey